¿Ya elegiste a dónde vás a invitar a tu enamorada? O, ¿qué le vas a cocinar a tu enamorado?

El amor también tiene su fecha en el calendario. El día de San Valentín se enlaza con una antigua creencia Inglesa de que las aves escogen su pareja el 14 de febrero, y desde entonces ese día los corazones estallan alrededor del mundo con tarjetas, bombones, poemas, flores y demás finezas. El símbolo: el corazón;  el color: rojo con todos sus matices.



Si hablamos de comida, son muchos los alimentos con  virtudes incitantes, empezando por lo dulce que despierta los afectos y estimula los piropos. Ningún serafín se va a manifestar diciéndole a una dama ¡Sos una anchoita!  Sin embargo, ¡Sos un bombón! es la frase que como una flecha nos atraviesa el corazón. El chocolate, bebida sagrada de los Aztecas que lo relacionaban con la Diosa de la fertilidad, encabeza la lista de afrodisíacos.

Y ¿qué mujer no se desmaya ante una caja de bombones? O de rosas, símbolo del amor. Y si son rojas, exaltan el fuego y la pasión como los frutos del bosque. El color, la fragilidad y la delicadeza de las cerezas y frambuesas son símbolos que en el código de la sensualidad  invitan al amor.
Las almendras se asocian con pasión y fertilidad siendo junto con las nueces y las avellanas el componente mas sensual de la comida del Medio Oriente.

El mango es la fruta del amor. Su pulpa anaranjada es base de platos de muchos países tropicales, donde se lo considera un alimento amoroso por su forma, sabor y color.
El entorno, los aromas, los colores y los sonidos influyen en la sensual experiencia de una comida para que esta resulte inolvidable y si a eso le agregamos un toque afrodisíaco ¡mejor aun!
Invitar a comer en el día de los enamorados es una galantería que puede poner de manifiesto nuestros encantos más amorosos o puede conducirnos directamente por el camino de la decepción. Todo depende de nuestra destreza para elegir lugar, compañía y ¡comida!

Hay lugares y lugares para salir y pasar una velada romántica. Buscar más intimidad, con la magia de una vela como único cómplice sobre la mesa, y la melodía de un jazz, bolero u otro genero que sea una caricia para nuestros oídos, son detalles que conducen al éxito asegurado.
    En cuanto a la elección de platos, debemos evitar las preparaciones “al ajillo”, o la cebolla cruda que nos dejan sin aliento para seguir hablando, provocando una distancia forzosa que puede arruinar el encuentro. Los platos a la provenzal, las espinacas y otros perejiles, pueden dejar evidencias entre caninos e incisivos donde la espontaneidad se verá  inhibida  entre bocado y bocado por miedo a sonreír.

    Las pastas encintadas también nos pueden poner en un enredo con el tenedor y un fideo mal enroscado puede poner colorado a más de un comensal. A no ser que terminemos en una escena parecida a la de La dama y el vagabundo en la que la pareja de canes, unieron pasiones en una cinta de spaghetti.

    Un postre para compartir es un broche de oro encantador y si es de chocolate mejor! ¡Nadie puede negar sus efectos afrodisíacos! La sensualidad olfativa de un vino tinto o el cosquilleo en el paladar de una copa de espumante son infaltables para que la velada sea un flechazo de pasiones sensoriales que pueden definir o afianzar nuestros destinos amorosos.
Lo importante en este día es invitar o cocinar con el corazón!







Hagamos de nuestras mesas, una obra de arte, un cuadro, para que esa escena se perpetúe de generación en generación.
Convirtamos en Arte, el invitar y el ser invitados, transformado ese "microcosmos", como  llamó Emma Sanguinetti a la mesa y todo lo que se genera alrededor de ella,  en un escenario amoroso, colmado de rituales estéticos y espirituales. Porque sentarse a la mesa, está cargado de magia, de encanto, de compartir y de amistad que no debemos perder ni dejar que se pierda.

Y si algo nos sale mal, ¿que importa? ¡si hasta los Dioses del Olimpo se equivocan!
No pongamos en peligro nuestos valores.
No abandonemos nuestras mesas.

Gracias Emma, fue un placer recibirte en mi casa!
Después de 20 años de actividad, encontré el panal adecuado para reunir a toda la colmena.



Es la primera vez que voy a desarrollar todas mis actividades concentradas en un sólo lugar. Mi casa propia, es un sueño hecho realidad, y un verdadero premio para mi trabajo que me llevó años de gratificante esfuerzo, de constante dedicación y de generosa entrega. Este es el comienzo de una
nueva etapa, en la que abro las puertas de mi casa para seguir ofreciendo actividades que, como digo siempre: ¡Hacen bien!





No existe profesión, vocación o tarea en esta vida a la que no debamos agregarle amor y pasión para que el resultado final sea exitoso, gratificante o delicioso.

“No hay amor más sincero que el amor a la comida” George Bernard Shaw

Cocinar es un acto de amor. Batir, poner las manos en la masa, flambear, cocinar galletitas, decorar una torta, armar una ensalada o hacer un sencillo huevo pasado por agua  son preparaciones que necesitan de esa “cosita loca llamada amor”.
Para que el pan leve, el soufflé se infle y el flan se cocine a punto de caramelo, no sólo hace falta tener una buena receta a mano, sino que además se necesita del condimento infalible, mágico y casi indescriptible, que nos asegurará el verdadero éxito: amor

“La cocina es alquimia de amor” Guy de Maupassant

Hay quienes cocinan sólo por placer y otros que deben hacerlo todos los días, y es esa la rutina que a veces fastidia. Pensar en el menú de cada día y el no saber qué hacer o qué inventar para dejar a todos felices y contentos, es a veces una tarea agotadora. Por eso en este caso el amor necesita ayuda de la picardía y del buen humor. La primera es la que nos va a animar a dar vuelta una receta, a cambiar los ingredientes a gusto (siempre que se pueda) o a jugar con las cantidades y los sabores y así podremos tener nuestros propios secretos de cocina. El resultado final, el gusto, el sabor, los aromas y hasta el animo de los comensales y el propio, depende del humor que hayamos puesto al cocinar.  Si transformamos esa obligación en diversión, el deber en placer y el trabajo en un juego, habremos transformado también la verdadera esencia de la cocina.

“No se puede cocinar bien si no se pone en ello el corazón, dado que , por encima de todo se trata de que reinen en torno a la mesa sentimientos de amistad y de fraternidad”   Fernand Point

“Emocionar antes que alimentar”

La cocina es sin dudas el lugar más cálido de una casa, literal y metafóricamente hablando. Los encuentros, las charlas y las confesiones que en ella se generan están rodeadas por un entorno acogedor. La cocina atrae, despierta curiosidad y el simple aroma de un caldo tiene un deleitoso poder de convocatoria. La verdadera alquimia se da cuando a través de un plato no sólo queremos alimentar sino emocionar y despertar sensaciones. El silencio que se crea en una mesa es revelador; abre lugar a las percepciones, a las emociones y a los recuerdos más remotos. Cuando cocinamos, a cualquier nivel, somos capaces de emocionar con un simple plato de comida, con un postre preferido o con una presentación artística.
Cuando cocinamos, entregamos, ofrecemos, nos brindamos. Sin querer, estamos convidando más que un plato sabroso o un conjunto de aromas esenciales. Detrás de una preparación hay tiempo, hay espíritu, hay dedicación y elaboración. También hay entusiasmo, creatividad y misterio. ¡Qué desprestigiada está la cocina de todos los días en estos días! Y la excusa no debiera ser la falta de tiempo. Cocinar es una tarea muy amable, puede ser tan sencilla y tan sofisticada a la vez; todo depende de cómo la queramos encarar y por sobre todo saber que, si le ponemos amor, transmitiremos amor!

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